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Discurso en ocasión de la celebración de la V Graduación de los Programas de Formación de Aspirantes de la ENJ

7. mayo 2010

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Hace unos meses llegaron ustedes a la Escuela Nacional de la Judicatura en busca de conocimientos para ampliar sus horizontes profesionales. Abandonan hoy sus aulas, luego de haber completado un arduo y exitoso programa de estudios, habiendo aumentado su riqueza intelectual.

Esta riqueza que desde ahora les pertenece, por derecho de haberla conquistado a base de su gran esfuerzo y capacidad, sin embargo, no debe ser motivo de prepotencia, ni mucho menos ser utilizada con intención de obtener poder sobre otros para ejercerlo en beneficio propio; sino, por el contrario, para dar muestras de humildad en el desempeño de sus futuras funciones en el Poder Judicial dominicano.

A partir de este momento, asumen ustedes un doble compromiso. En primer lugar, con su conciencia, que se debe manifestar mediante actuaciones rectas y un estricto apego a las leyes. En segundo lugar, con la sociedad, que debe expresarse siendo eficientes, corteses y serviciales con cada persona que acuda a requerir sus servicios.

No hay nada más gratificante para cualquier ciudadano que recibir un trato digno y justo de parte de un servidor público. Esta actitud enaltece al servidor de la justicia y en definitiva a la Patria, pues en la medida en que tratemos con respeto a nuestros semejantes, en igual medida iremos avanzando hacia una convivencia más armónica, más segura, más pacífica.

Inspirar confianza en nuestros ciudadanos con esas cualidades es parte esencial en el buen desenvolvimiento del sistema; sistema que se nutrirá y fortalecerá en ambas direcciones: el servidor judicial ofrece confianza con su proceder, y el ciudadano le retornará esa confianza acudiendo a él sin vacilación, convencido de que se pondrá en buenas manos

Sobre sus hombros descansará en lo sucesivo la responsabilidad de servir con vocación, de ser diligentes hacia sus conciudadanos y hacia las instituciones, así como de cambiar la percepción que tienen algunos acerca de la justicia dominicana. La vocación de servicio es piedra fundamental en el andamiaje de la judicatura. Sin ella, andarían cojos sus servidores y al garete los procesos judiciales.

La justicia dominicana tiene por fuerza de las circunstancias y en razón de los tiempos que corren, abocarse a un amplio y trascendente proceso de transformación, en el que se busque una mejoría en todo sentido y a todo nivel, y a la que se le vayan incorporando los ciudadanos moralmente más idóneos y mejor preparados académicamente para se produzca la renovación integral que se precisa.

En este instante, con esta reflexión, me viene a la mente un pasaje bíblico, en el que el Evangelista Juan, en un momento de duda, lanza la siguiente interrogante, “pregúntale a Jesús si es él a quien estábamos esperando”. Esa misma duda la pasamos a ustedes, haciéndonos una pregunta similar: ¿son ustedes las personas que estábamos esperando que vinieran a transformar la justicia?

Con cada grupo de graduandos que la Escuela Nacional de la Judicatura entrega a la sociedad, aumentan las esperanzas, las perspectivas de que en verdad se produzca la ansiada reforma, la esperada transparencia y buscada eficiencia en el sistema judicial dominicano.

En verdad, son ustedes los más llamados a realizar este proceso de cambio, o a coadyuvar en una profunda y verdadera transformación de la justicia dominicana. Cuentan para ello con conocimientos amplios y actualizados, además de las condiciones morales adecuadas para emprender esta ardua aunque hermosa labor, de la que luego se sentirán orgullosos por haber sido instrumentos del cambio.

Ustedes pusieron en nuestras manos su instrucción, su preparación académica. Ahora, la Escuela Nacional de Judicatura, con orgullo, pone en manos de la sociedad sus conocimientos y sus cualidades humanas para que pongan en práctica lo aprendido y den lucidez y esplendor a esos valores éticos que adornan a cada uno de ustedes y que estamos convencidos pondrán al mejor servicio de la nación.

Que Dios guíe sus pasos en el nuevo camino que hoy empiezan a transitar y que ilumine su mente para que siempre obren apegados a la verdad, a las leyes y los más rectos y nobles principios morales.

Felicidades.

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Discurso en ocasión de la celebración de la IV Graduación de los Programas de Formación de Aspirantes de la ENJ

7. mayo 2010

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Anoche, mientras trataba de conciliar el sueño, en medio de la paciente impaciencia, me puse a pensar en lo que la Escuela Nacional de la Judicatura ha logrado en los últimos años, y al repasar en mi memoria todos aquellos momentos de alegría, de tensión, de ardua labor, me percaté de que estaba viendo muchos de los sueños con los que habíamos iniciado esta institución hechos realidad, y en especial en el día de hoy, donde 4 grupos distintos, jueces de paz, defensores públicos, investigadores judiciales y trabajadores sociales culminan formalmente un tramo del camino que pasa por la Escuela y continúan por el mundo de la justicia para ayudar a su efectiva administración.

Cuando al fin conseguí dormirme soñé con ustedes, con cómo se harán realidad las esperanzas que todos nosotros tenemos depositadas en su futuro que ya se vislumbra brillante. Me imaginé qué estarían pensando, qué sentiría yo en su lugar.

“Cuando finalicé el programa me sentí increíblemente liberado y feliz. Anuncié mi graduación y recibí cientos de felicitaciones, lo curioso es que con cada una de ellas sentí el enorme peso que implica este paso. El hacer en funciones todo lo que hasta ahora había recibido en teoría.

Me siento orgulloso de haber formado parte de un programa tan exigente como éste, pero a pesar de todo saber que mis acciones pueden cambiar el rumbo de una vida realmente me atemoriza.

Quizás las normas estén claras: la imparcialidad, despojarme de perjuicios, ser compasivo pero sin dejar de actuar conforme a las reglas y principios de mis funciones; sí, están claras, asumo mi compromiso y me causa ilusión poder ponerlos en práctica. Pero ¿Quién no sentiría temor ante tanta responsabilidad? Me debato entre ser garante de los derechos de los seres humanos y la presión social que exige respuestas fáciles y violentas.

Entonces recuerdo que no estoy solo en el cumplimiento de mi deber, ahora formo parte de algo más grande, de un organismo vital para la libertad y el bienestar de una sociedad. Al fin mi sueño se hace realidad: desde un espacio común, accesible a todos, colaboraré a que las personas puedan resolver de manera civilizada sus conflictos, lugar donde las palabras, las reglas y las ideas reemplazan a los puños, las armas y la violencia.

Las dudas iniciales se van disipando cuando recuerdo el esfuerzo que realicé para estar presente en la graduación, las enseñanzas de mis profesores, el amor que le tengo a mi profesión y el apoyo de tantas personas a mí alrededor. Eso me llena nuevamente de fuerzas y siento la seguridad de que realizaré una buena función.”

Un día mientras conversaba con ustedes, con cada grupo en particular, les dije que estas palabras no eran fruto del azar, sino que las iba construyendo según pasaban los días aquí en la Escuela, mientras los miraba, seguía sus inquietudes, sus notas, sus tropiezos de manera personal, pensé que la mejor manera de despedirlos hoy, era compartiendo ciertas pautas que me han ayudado a ser “aprendiz de brujo” como diría uno de mis maestros en la vida. Y lo primero que tengo que compartir con ustedes es que no teman, no se sientan abrumados por su futuro, porque tienen las herramientas necesarias para triunfar. Son pacientes, perseverantes, trabajadores, y constantes, están preparados y tienen ante todo el factor más importante, la vocación de servicio. Ese es, de los valores de la Escuela, el que identificaron como el que más han podido vivir en este lugar al que cariñosamente llamamos “la casa” y por experiencia sé que con lo que identifican, se identifican.

Les recuerdo que ustedes en estos momentos están haciendo realidad sus sueños, pero también los de muchas personas que al igual que ustedes tienen la disposición para servir a la Justicia. El sueño de poder hacer algo por su país y sus ciudadanos, sueño que ha existido desde hace generaciones y que solo desde hace pocos años pudo ponerse al alcance de cada dominicano. Quizás dentro de unos años ustedes se encuentren en un acto similar éste, pero en vez de estar presentes como graduandos, lo estarán en calidad de familiar, docente o ex-aspirante, y tendrán la satisfacción y el orgullo que sentimos nosotros el día de hoy.

Con esto no quiero decirles que de ahora en adelante sus vidas serán el sueño dorado o el ejemplo de la perfección, muy por el contrario, el oficio que han elegido desempeñar trae consigo numerosos retos, y siempre encontrarán una silla o una rapiña que los invite a descansar. Es por esto que deben tener muy claro cuál es su norte, hacia dónde quieren que sus vidas se dirijan. Siempre existirán dos caminos que se pueden tomar, y la decisión será solo de ustedes, en ese momento crucial no estaremos acompañándolos, pero recuerden que por mas difícil que perezca, por más bajito que se escuche su voz nunca deben dejar que la tormenta calle su canción.

Tampoco crean que les exigimos que sean perfectos, nunca llegaríamos a solicitarles lo imposible, puesto que la perfección no existe en la humanidad. Muy al contrario les exhorto a que no teman equivocarse porque solo al errar aprendemos a obrar.

La vida no es más que una cadena de acontecimientos, pasados, presentes y futuros que vamos tejiendo en nuestro caminar, no soy quién para decir que el destino no existe, ni tampoco para decir que sí, pero les aseguro que su futuro siempre dependerá de su capacidad de aprender, desaprender y aprender, un ciclo que debe ser permanente en sus vidas.

Muchas personas se pasan la vida lamentando lo que pudo haber sido, otras preocupándose por lo que será, mientras que muchas están tan perdidas en la rutina que se les olvida vivir. Por eso les recuerdo mi principio de oro: “vivir la intensidad del presente sin perder las perspectivas del futuro.

Estoy seguro de que recordarán aquellas canciones de Silvio Rodríguez que algún día les hice escuchar. Aquí en estas palabras se encuentran resumidas las letras de “En busca de un sueño”, “Historia de las Sillas” y Fábula de los tres hermanos”. Son palabras profanas que se convierten en oración en los momentos difíciles de mi vida, por eso se las obsequio hoy para que la tengan siempre cerca y les ayuden como en muchas ocasiones lo han hecho conmigo, a sobrepasar los días no tan soleados.

Me gustaría finalizar con algo que escribió el nieto de un granjero pobre de Sherman (Texas), que se llamó William Jefferson Blythe y que adoptó el nombre de Bill Clinton, en su libro “Mi Vida” sobre las cualidades que debe poseer un buen juez. Al leerlas pude percatarme de que las mismas no son inherentes al juez, sino que deben encontrarse en cada uno de los actores de la Justicia. Entre lo expresado en ese tenor, por el autor, fueron tres las cualidades enumeradas: trabajar con los jueces conservadores para alcanzar el consenso cuando este fuera posible, enfrentarse a ellos de ser necesario y ver los casos por sus circunstancias, y no por la ideología o la identidad de las partes, la cual desde mi punto de vista reviste la mayor importancia, puesto que sólo de esa manera es que ustedes podrán garantizar que actuarán de manera imparcial. Al final de este párrafo se cita a la Jueza Presidente de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos de América y me gustaría leerles dicha cita pues considero que será para ustedes una fuente de inspiración: “Las más importantes figuras de la justicia han sido personas con una opinión independiente, con mentes abiertas pero no vacías, dispuestas a escuchar y a aprender. Han demostrado que no temen reexaminar sus propias premisas |…| tan meticulosamente como las de los demás.”

Que Dios los bendiga y los acompañe siempre.

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Discurso III Graduación Escuela Nacional de la Judicatura

7. mayo 2010

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Hace ya unos días, revisaba unos viejos papeles mientras pensaba en las palabras que debía decirles en el día de su graduación. De repente, desde el fondo de una vieja caja donde guardo parte de los múltiples documentos que por una u otra razón me impactaron en un algún momento de mi vida, surgió una vieja y olvidad poesía de Pablo Neruda, que por muchos años me inspiró a seguir luchando por alcanzar mis ideales. Esa poesía se llama “El Amor del Soldado”, y con el permiso de ustedes y el de Neruda, desde donde quiera que esté, la voy a tomar como base de estas breves palabras que hoy quiero dirigirles.

“En plena guerra te llevó la vida

a ser el amor del soldado.

Con tu pobre vestido de seda,

tus uñas de piedra falsa,

te tocó caminar por el suelo”

A ustedes también, en plena guerra, los ha llamado la vida a ser el amor, la esperanza de La Escuela, de toda la sociedad, de que contribuyan a fortalecer cada día más el Poder Judicial, de que abracen los ideales de justicia que promueve la Suprema Corte y que demanda la Sociedad. Que compartan el sueño de dotar a la República dominicana de un eficiente, pronto, oportuno y garantista sistema de administración de justicia.

Al igual que el amor del soldado, que vestía pobres vestidos de seda, uñas de piedra falsa, ustedes han sido llamados a luchar por la justicia con escasos recursos económicos. No tendrán altos salarios ni despachos de lujo ni mucho menos. En muchos casos, desde el punto de vista material, sólo tendrán lo imprescindible pero, eso deberá ser compensado por su sólida formación académica, por alto desarrollo de sus competencias vinculadas al ejercicio de la Judicatura, y por su inquebrantable decisión de servir a la Justicia que es lo mismo que decir, construir la paz, pues ésta es imposible en un régimen carente de justicia.

“Ven acá, vagabunda,

ven a beber sobre mi pecho

rojo rocío”.

La Escuela los llamó a beber en sus fuentes, le dio todo lo que podía, todo lo que creía podría ayudarlos a ejercer sus funciones dentro de la Judicatura con decoro y eficiencia, no sólo para honor de ustedes, no sólo para vanagloriarse de la excelencia académica de sus programas, sino sobre todo, para garantizar que todos aquellos que en el futuro acudan ante ustedes sedientos de justicia calmen su sed, y la calmen con el más dulce néctar. No solo aspiramos a que ustedes brinden soluciones, queremos que brinden las mejores soluciones posibles.

“No querías saber donde andabas,

eras la compañera de baile,

no tenías partido ni patria.

Y ahora a mi lado caminando

Ves que conmigo va la vida

Y que detrás está la muerte”

Desgraciadamente no los conozco a todos con al profundidad que quisiera, por ello no puedo afirmar que algunos de ustedes estuvieran sin rumbo en la vida antes de entra al Programa de Formación de Aspirantes. No puedo afirmarlo y no me importa, pues lo que si es innegable es que todos ustedes hoy graduandos, al egresar de este programa deben compartir el ideal de todos aquellos que tenemos años luchando, desde distintas trincheras, por eficientizar el sistema judicial dominicano. Si el programa no logró que ustedes hicieran suyos esos ideales, que el trabajar por el triunfo de la justicia en todos los casos y ocasiones, sin excepciones, se convirtiese en el “norte magnético” de sus vidas profesionales y personales, entonces hemos fracasado. Permítanme cometer la osadía quizás de asegurar que ello no ocurrió, que no fracasamos, y que la perseverancia que todos ustedes mostraron a lo largo de todo el desarrollo de su programa de formación es prueba fehaciente de la importancia que el servir a la Justicia desde la judicatura ha cobrado en sus vidas.

“Ya no puedes volver a bailar

con tu traje de seda en la sala”.

El optar por la Judicatura implica renuncias, ustedes nunca serán los mismos pues para bien o para mal la sociedad no discrimina entre el juez y el hombre, siempre, en todo momento, ustedes serán jueces y, por tanto, su conducta debe ser coherente con esa situación. Con esto no pretendo decir que ser juez implica renunciar a vivir ni mucho menos, al contrario, creo firmemente que un juez alejado de la sociedad a la cual sirve, difícilmente podrá comprenderla lo suficiente como para administrar justicia a sus miembros de manera eficiente.

No obstante, es indudable que algunas actividades que podrían ser totalmente normales y permitidas para el común de la personas, deben quedar vedadas para siempre de al cotidianidad de un magistrado. Ustedes han pasado a formar parte de un equipo, de un sistema, donde no existen islas, donde todo está interconectado, por lo que cada una de sus acciones servirá para engrandecer o empequeñecer la imagen del Poder Judicial. Les tocará cargar con ese pesado fardo inmediatamente sean llamados a integrarse a la Judicatura.

“Te vas a romper los zapatos,

pero vas a crecer en la marcha.

Tienes que andar sobre las espinas

Dejando gotitas de sangre”.

El camino que les espera no es fácil y, como dice un refrán popular, “lo difícil no es llegar sino mantenerse”. Ustedes han llegado exitosamente al final del programa y con bastante certeza ingresarán al Poder Judicial en el corto o mediano plazo, pero con esto la cosa apenas comienza. Cada día, en su cotidianidad, tendrán que vencer muchos obstáculos, externos e internos, cansancio, desánimo, tentaciones, muchas cosas conspirarán para que ustedes abandonen el camino o al menos para que abran caminos teóricamente paralelos pero que extrañamente no llevan al mismo lugar.

“Bésame de nuevo, querida,

Limpia ese fusil camarada”.

Mantengan limpias sus mentes, no abandonen sus ideales. Recuerden que muchos personas creemos y confiamos en ustedes y que la sociedad nunca les perdonará haber traicionado la confianza que en ustedes ha depositado. Ustedes, graduandos de esta tercera promoción del Programa de Formación de Aspirantes, junto con los egresados de las dos anteriores promociones, ingresarán al Poder Judicial en la mejor forma posible, con la mejor preparación para ejercer la judicatura, por ello, se les exigirá más, se le perdonarán menos los errores, se esperará que aprendan más rápido, que sean los mejores.

No lo olviden, ustedes, sólo ustedes, son los arquitectos de sus propios destinos. Ojalá y estos sean tan venturosos como todos nosotros esperamos.

Muchas Gracias!

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Discurso I Graduación de Apirantes a Juez de Paz

7. mayo 2010

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Hoy es un gran día para todo el Poder Judicial y muy especialmente para la Escuela Nacional de la Judicatura. Hoy tenemos el honor de entregar al Poder Judicial 14 excelentes personas, brillantes profesionales que superaron con éxito los requisitos de un proceso de selección altamente exigente y los rigores de un programa de formación de muy alto nivel. Pido excusa si definir de esa manera el Programa de Formación de Aspirantes pudiese parecer inmodestia de mi parte pero realmente creo que todos los que de una u otra manera participamos en este proyecto hicimos el mayor esfuerzo posible por imprimir un sello de calidad en cada uno de sus componentes.

Puedo asegurar, por el contacto personal con cada uno de los graduandos y por los comentarios y reportes que sobre su desempeño académico y personal continuamente recibí del personal docente que los acompañó durante todo el proceso, que hoy día el Poder Judicial cuenta con 14 nuevos recursos capaces de ejercer las funciones de juez de paz acorde con los más altos estándares de calidad.

Aquí sentados están todos ellos, con esa mezcla de tristeza y alegría, de certezas e incertidumbres, que acompañan a todos los graduandos en todas las graduaciones del mundo sin importar el país o la raza.

Vemos a Esther Verónica, con su parsimonia que puede confundirse con timidez, sus trabajos siempre impecables, sus respuestas siempre atinadas. El fuerte temperamento de Pilar y su solidaridad a toda prueba, siempre estuvo al lado de quien la necesitó.

Sergio, siempre atento, siempre al día, investigador a carta cabal, Solidario, cariñoso, caballero, integrador, se ganó el cariño de todos. La ponderación y el equilibrio que definen a Juan de la Cruz. Dicen en su pueblo que su paso por la Escuela, lo volvió calmado, que “antes él era más bulloso”, pero a nosotros siempre nos pareció muy formal, un tanto tímido, aunque con una capacidad extraordinaria de disfrutar de las cosas. Quien lo dude pregunte a Doña Catana y a Doña Teresa. Antonio fue el delegado del curso durante toda la duración de éste, ejerciendo tan bien su función que no hubo quejas de ningún lado. Buen amigo, su discreción y amabilidad permanente lo hicieron merecedor del afecto de todo el mundo.

Siempre contenta, con una contagiante manera de disfrutar la vida, de la cual el paseo a Barahona fue la mejor prueba. Gran compañera, excelente profesional, esa es Angela. Personalmente me llamó grandemente la atención el caso de Katia, una persona serena, íntegra, solidaria, amena, nunca perdió la calma y con un compañero de vida tan solidario, que muchos pensamos que a él también habría que darle hoy un diploma.

La calidad humana de Félix, sus excepcionales virtudes, su delicadeza en el trato, su amabilidad, su disposición de servicio, su preocupación por la justicia, por garantizar y mantener la dignidad de las personas, nos aseguran que será un gran juez cuando tenga su oportunidad.

Gladys Josefina es una persona de trato exquisito, siempre pausada y atenta. No es muy dada a la palabra, pero la gran calidad de sus trabajos hablan por si solas. Tiene la paciencia y la entereza necesaria para la función que espera desempeñar en el futuro.

Escudriñadora, inquieta, esa es Virgen. Insaciable de conocimientos, siempre un poco adelante, siempre queriendo ir un poco más allá. Defensora a capa y espada de sus posiciones, pero siempre dispuesta a escuchar a los que disiente de ellas

La vida de Yissel Josefina, quizás aún va muy de prisa, aunque ella ha demostrado fehacientemente claridad en sus objetivos. Cooperadora, inquieta, joven, dinámica, preparada y servicial y con una sólida formación profesional. Maritza posee una muy bien definida personalidad, una fina inteligencia y un gran sentido de responsabilidad. Su participación en los debates siempre aportó algo positivo.

Inés Altagracia siempre se mostró un tanto callada, aunque con una gran capacidad de observación y una excelente capacidad analítica. Demostró en todo momento su vocación por la administración de justicia. En ningún momento los obstáculos la asustaron. Recorriendo todos los rincones de la penitenciaria de La Victoria, manifestó que esa dura realidad reafirmaba su compromiso con la justicia, y que haría todo el esfuerzo posible por contribuir a mejorar la situación en la justicia penal.

Por último Indira, sopesada, centrada en sus objetivos de vida. Su rostro de niña y su paciencia son grandes aliados en su afán por alcanzar sus metas. Sabe controlar las situaciones, es estudiosa y siempre trabaja empeñada en lograr lo mejor.

No queremos hacer muy largo este momento y retrasar el fundirnos en un abrazo sincero deseándoles el mayor de los éxitos dentro del Poder Judicial dominicano. Sólo tres cosas: primero, tengan la seguridad de que la Escuela Nacional de la Judicatura tendrá siempre abierta sus puertas para ustedes y continuará contribuyendo a su formación independientemente de la posición que ocupen dentro del Poder Judicial. Segundo, no dejen de soñar, no abandonen sus ideales, nada ocurre si no hay sueños. Tercero, llenen de orgullo, con su desenvolvimiento dentro del tren judicial, a todos los que hemos depositado nuestra confianza en ustedes.

Quiero despedirme con una exhortación que escuche hace muchos años en otra graduación y que si mal no recuerdo pertenece a un gran Papa de la Iglesia Católica. Esta dice más o menos así: “que nada humano les falte, pero que nada solamente humano les sea suficiente”.

¡Felicidades!

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El Padre Arango

5. mayo 2010

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Comparto con ustedes unas notas biográficas que realizó mi tio José Gómez Cerda, amigo, hermano, compadre y compañero de lucha de mi papá, sobre el Padre Arango, quien fue una de las personas que más ha influenciado en mi vida y a quien le estaré eternamente agradecido.

Muchas veces he tratado de escibir sobre él, pero los recuerdos y la emoción que me producen me paralizan. Arango fue y es un referente que iluminó la vida de mi familia y que esculpió en mí su mística jesuita.

(más…)

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Discurso VII Graduación ENJ

29. abril 2010

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Los jueces formados por la Escuela Nacional de la Judicatura durante estos once años de servicio son considerados administradores de justicia modélicos, conscientes del rol que deben desempeñar en nuestra sociedad. Lo mismo podemos decir de los defensores públicos que conforman la Oficina Nacional de la Defensa Pública, una institución que cada día asume la enorme responsabilidad de procurar la asistencia permanente y gratuita para el justiciable.

La Escuela Nacional de la Judicatura ha coadyuvado también a la formación de los integrantes del Ministerio Público, de la Policía Nacional y de los abogados. Es decir, ha colaborado con el fortalecimiento total del Sistema de Justicia Dominicano.

Nuestra Escuela es la única comunidad de servicio público cien por ciento educada en el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Todos los aspirantes a jueces de paz y defensores públicos que ingresan a la Escuela Nacional de la Judicatura cuentan con un computador personal y una conexión de Internet, como la mayoría de los jueces y defensores públicos del país. Estos recursos les permiten investigar y actualizarse de manera permanente, lo que redunda en la prestación de una mejor administración de justicia a la comunidad.

En ese sentido, nos honra haber comprobado, en el marco de la Organización Internacional de Capacitación Judicial, de la Red Europea de Escuelas Judiciales y de la Red Iberoamericana de Escuelas Judiciales, que somos el centro de capacitación judicial que más horas de formación virtual ofrece a los integrantes de los sistemas judiciales y la primera en brindar una formación b-learning, esto es, presencial y virtual.

Estudios realizados en América Latina nos han clasificado como la escuela judicial de la región que ofrece el programa de formación de aspirantes a jueces y defensores públicos con más horas de capacitación y prácticas. De igual manera, nos satisface profundamente el hecho de ser la institución que más material educativo jurídico ha producido en República Dominicana.

A pesar de que aún no impartimos docencia en las instalaciones idóneas, pues no tenemos la infraestructura adecuada, esta pequeña escuela judicial del Caribe ha sido elegida y ratificada por segunda ocasión como la sede de la Secretaría General de la Red Iberoamericana de Escuelas Judiciales.

Adicionalmente, nuestra escuela es una activa colaboradora de las distintas escuelas judiciales centroamericanas, a través del Centro Centroamericano de Capacitación Judicial, y asesora de la Red Mexicana y Argentina de Escuelas Judiciales.

Asimismo, somos la escuela judicial de América Latina que mantiene las más activas relaciones con la Escuela Judicial Española y la Escuela de la Magistratura Francesa. Con la escuela francesa celebramos desde hace ocho años de manera ininterrumpida la Temporada del Derecho Francés y la Justicia.

Esta vocación global nos ha motivado a abrir las puertas a la comunidad jurídica nacional e internacional, para que  a lo largo de estos diez años más de cien jueces de Iberoamérica hayan participado en  nuestros cursos virtuales y presenciales.

Nuestra escuela ha apoyado al Colegio Dominicano de Abogados de la República Dominicana, auspiciando de manera sostenida la participación de cientos de sus afiliados en las distintas actividades de capacitación que ofrecemos, como parte de nuestra labor formadora y fortalecedora del sistema de justicia en general.

Esta es la escuela que hemos podido construir para servir a todos nuestros hermanos y tener una mejor justicia en República Dominicana. Somos una organización dominicana que ha demostrado que podemos crear una institución pública de talla mundial. No obstante todo lo que hemos avanzado, el pueblo dominicano sigue teniendo el anhelo de vivir en un país donde se respeten las leyes y las instituciones. Por esta razón, no podemos estar conformes ni satisfechos con la justicia que tenemos hoy.

Queremos una mejor justicia para nuestros hijos y para nosotros mismos. Queremos un país donde se respete la institucionalidad y donde nadie esté por encima de la Constitución ni de las leyes.  De ahí que necesitamos  personas que estén insatisfechas con lo que hemos logrado, inconformistas que deseen con pasión hacer realidad el sueño de justicia que anhelan los dominicanos.

Este país que soñamos requiere de una Escuela Nacional de la Judicatura que vaya a contracorriente, y que sus egresados sean reconocidos en la sociedad por ser más honestos, más responsables, más trabajadores y más conscientes de que sólo con su ejemplo personal podrán contribuir a cambiar a sus familias, a su pueblo y a su país.

El ejemplo no es una forma de enseñar, es la única forma de enseñar, y ése ha sido uno de los pilares de nuestra escuela, sus directivos, sus docentes, sus colaboradores y sus egresados. A todos ellos, nuestra gratitud sin límites.

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Discurso VIII Graduación ENJ

29. abril 2010

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Quiero agradecerle a Dios y a cada uno de ustedes por estar aquí,  realmente es una  gran bendición el poder estar todos reunidos en el día de hoy por dos grandes razones

En primer lugar, hoy celebramos la  Octava Graduación de la Escuela Nacional de la Judicatura, de la cual hoy egresan hombres y mujeres convencidos, comprometidos, formados y sobretodo abocados a cumplir uno de los sueños más anhelados por los dominicanos… hacer de la Administración de Justicia en nuestro país, un instrumento para la consecución de la Paz Social.

En segundo lugar, si bien cada graduación de la Escuela es muy importante, porque significa el cierre de un ciclo y el inicio de una esperanza en la República Dominicana que se encarna en cada uno de los graduandos, tenemos que agradecer de manera especial por esta y no encuentro mejor oportunidad para hacerlo, pues se produce en el marco de los diez años de existencia institucional de  la Escuela Nacional de la Judicatura, que hoy también podemos rememorar con Ustedes, porque dentro de estos 10 años, tenemos historias juntos.

Permítanme, expresarles el honor que es para mí hoy como Director de la Escuela Nacional de la Judicatura, el poder dirigirme a todos los graduados, por el respeto que cada uno de ustedes tiene para mi, cuando estoy delante de un graduando de la Escuela estoy frente una ser humano muy especial, una persona que tiene el sueño de servir a su país, consiente de su responsabilidad histórica, que se ha esforzado, y ha trabajado para formarse de manera seria y profunda. Personas que hoy en día son reconocidas nacional e internacionalmente por su idoneidad y capacidad, seres humanos que tienen los valores, conocimientos y habilidades necesarios para poder servirle a su país y de esta manera contribuir para que en la República Dominicana el respeto y el cumplimiento de la institucionalidad nos permita ser considerados como un ejemplo para todo el mundo.

El esfuerzo de todos los que laboramos en la Escuela se ve recompensado con creces en momentos como este; hoy nuevamente es razón de dicha y entusiasmo para nosotros graduar a profesionales que se propusieron un día alcanzar la meta de ser Jueces o Defensores Públicos y hoy ven concretizada sus aspiraciones con la medición exacta de que sus logros fueron directamente proporcionales a sus esfuerzos y dedicación, Hoy culminan una etapa más en sus trayectorias profesionales.

Los hoy graduandos de la Escuela Nacional de la Judicatura han hecho lo mismo que los fundadores de la orden religiosa de los jesuitas: “Han trabajado como si el éxito dependiera de su propio esfuerzo, pero sabiendo que todo el éxito dependía de Dios”.

Nuestro reconocimiento más sincero a todos y cada uno de ustedes, los dejamos marchar con la convicción de que entregamos a la sociedad dominicana seres humanos formados, capacitados, comprometidos y motivados. Estos son los nuevos hombres y mujeres que harán vida en la justicia dominicana. La Escuela Nacional de la Judicatura tiene la certeza de haber cimentado en ustedes el fortalecimiento de los valores más trascendentes del ser humano, en nuestros espacios no sólo aportamos el bagaje cognoscitivo y de conocimiento que ameritan y que se requiere para desempeñar el rol de Juez y o Defensor Público, sino que además todos aquellos elementos no académicos que de manera integral permiten reforzar valores invaluables, como lo son la honestidad, la probidad, que hoy día resultan imperativos para la obtención de la paz y desarrollo social de nuestro país.

Tenemos un gran desafío como dominicanos, tenemos que luchar para que cada habitante de nuestro país tenga las mismas oportunidades, se les respeten por igual sus derechos y tengan confianza en las instituciones de su país, no existe una receta mágica para lograrlo, pero hoy sabemos que sin un capital humano de primer nivel y sin leyes que se apliquen con seriedad y rapidez no existe camino al desarrollo. Esos son los desafíos de la Escuela Nacional de la Judicatura. Nosotros nos preocupamos y nos esforzamos cada día por formar el mejor capital humano, los mejores profesionales, para que todos los dominicanos contemos con la mejor justicia.

La Escuela Nacional de la Judicatura es el producto de dominicanas y dominicanos que se están atreviendo a enfrentar las tareas difíciles de su país. Durante estos diez años hemos demostrado que es posible asumir desafíos a largo plazo, esos desafíos difíciles que siempre dejamos de lado, pues requieren perseverar y sostener el esfuerzo por largo tiempo, porque los resultados no se producen de inmediato. Formar un juez o un defensor no es una tarea que pueda realizarse de la noche a la mañana, requiere de un proceso que debe estar acompañado del esfuerzo de un equipo de personas que tallan con ilusión y espíritu de servicio la formación de seres humanos honestos, responsables y capaces.

El Pueblo Dominicano desde hace tiempo tiene un anhelo de justicia y para contribuir a hacer realidad ese anhelo, desde la sociedad civil, los profesionales y conocedores del Derecho, quienes conforman las diferentes toldas políticas que hacen vida en este país, todos ellos, pedían que se creará una escuela para formar a quienes se desempeñarían como los jueces y Defensores Públicos de la República Dominicana, somos parte de la respuesta a ese sueño que paso a paso y con esfuerzo se ha ido haciendo realidad, para dar respuesta a su dueño: el pueblo dominicano, porque esta escuela surgió para que el pueblo dominicano tenga cada día una mejor justicia. Nunca debemos olvidar que ese es nuestro principio y fundamento como institución

La Escuela nació soñada, pensada y gestionada por una mística de entusiasmo y entrega desinteresada de los jueces dominicanos a través de un trabajo en equipo que se ha desarrollo en los “Comités de la Escuela” y por la labor institucional conciente de cada uno de todos los integrantes de su Consejo Directivo. Es la misma Escuela, que con tesón, firmeza y dignidad apoya la labor de fortalecimiento institucional que hoy día lleva a cabo la Suprema Corte de Justicia de nuestro país con el liderazgo de su Presidente el Magistrado Dr. Jorge A. Subero Isa. Yo dirijo la escuela, pero si el Presidente de su Consejo Directivo no hubiese tenido la conciencia, voluntad y decisión de que esta fuese una institución comprometida con la formación y capacitación del Poder Judicial, en la que se fomentara la participación democrática y la transparencia, el esfuerzo estratégico y de gestión de nuestro equipo de trabajo no habría tenido estos resultados. Mis respetos señor Presidente, ha sido un honor y un aprendizaje inmenso trabajar bajo su liderazgo y quiero agradecer públicamente el apoyo que siempre usted me a dado, a pesar de mi forma independiente de actuar, siempre nos hemos sentido apoyados y motivados por usted, y en mi nombre y la de todo el equipo de trabajo se lo agradecemos.

Resultan innumerables los logros de la Escuela Nacional de la Judicatura a lo largo de estos DIEZ AÑOS, no escapa a nuestra historia, el hecho de ser una Escuela comprometida en la formación de todos los Jueces dominicanos que han ingresado a la carrera judicial y que hoy día lucen con perfiles redimensionados, Jueces que satisfacen el modelo de lo que debe ser un verdadero administrador de justicia, Jueces conscientes de la importancia del rol que deben desempeñar en nuestra sociedad, lo mismo para los Defensores Públicos, que conforman la Oficina Nacional de la Defensa Pública, institución que asume cada día la enorme responsabilidad que implica procurar asistencia permanente y de manera gratuita al justiciable.

La Escuela Nacional de la Judicatura coadyuvó a la formación de los integrantes del Ministerio Público en nuestro país, a la Policía Nacional y a los abogados, es decir, colaboró en el fortalecimiento del Sistema de Justicia Dominicano a raíz de los cambios que vivió la justicia en nuestro país en el marco de la Implementación de la Reforma Procesal Penal. Queremos aprovechar y reconocer en este momento la ardua labor de los Jueces y  Defensores Públicos que con mística de trabajo, han asumido e impulsado con un liderazgo competente e idóneo la reforma procesal penal dominicana.

Nos llena de profundo orgullo y nos incentiva cada día a continuar innovando, el hecho de ser la única comunidad de Servicio Público, 100% educada en el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Todos los aspirantes a Jueces de Paz y Defensores Públicos que ingresan a la Escuela Nacional de la Judicatura, cuentan con un computador personal y conectividad al servicio de Internet, al igual que la mayoría de los Jueces y Defensores Públicos del país. Esta iniciativa les permite investigar y actualizarse de manera permanente y, esto indudablemente impacta en la prestación de una mejor Administración de Justicia a la comunidad. Nos honra haber comprobado, en el marco de la Organización Internacional de Capacitación Judicial, de la Red Europea de Escuelas Judiciales y de la Red Iberoamericana de Escuelas Judiciales, que somos el Centro de Capacitación Judicial que más formación virtual ofrece a quienes integran el sistema judicial en el mundo y la primera en brindar una formación B-learning (presencial y virtual). Colaboramos con instituciones educativas nacionales e internacionales para promocionar el uso intensivo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación

Estudios realizados en América Latina nos han clasificado como la Escuela Judicial que ofrece el programa con dedicación exclusiva de formación de aspirantes a jueces y defensores, con más horas de capacitación y prácticas del continente americano. Además de tener el orgullo de ser la institución que más material educativo jurídico ha producido en la República Dominicana

Hemos tratado de ser lo mas transparentes posibles, abriendo nuestro interior y mostrando toda la información de nuestros procesos institucionales en la página Web, a tal punto que hasta la agenda del director aparece día por día.

A pesar de que aún impartimos docencia en furgones, porque no tenemos la infraestructura adecuada, no obstante, es esta pequeñita escuela del Caribe la que ha sido elegida y ratificada en una segunda ocasión como la Secretaría General de la Red Iberoamericana de Escuelas Judiciales (RIAEJ) y la que colabora con las distintas escuelas judiciales centroamericanas a través del Centro Centroamericano de Capacitación Judicial. Además hemos asesorado en la creación de la Red Mexicana y Argentina de Escuelas Judiciales.
Somos la Escuela Judicial de América Latina que mantiene las más activas relaciones con la Escuela Judicial Española y la Escuela de la Magistratura Francesa, con esta última celebramos desde hace ocho años de manera ininterrumpida la Temporada del Derecho Francés y la Justicia. Además hemos abierto las puertas a la comunidad jurídica nacional e internacional y a lo largo de estos años más de 100 jueces de Iberoamerica han participado en nuestros cursos virtuales y presenciales.

Somos la Escuela Judicial que apoyando al Colegio de Abogados de la República Dominicana auspicia de manera consecuente la participación de cientos de sus agremiados, en las distintas actividades de capacitación que ofrecemos, como parte de nuestra labor formadora y fortalecedora del Sistema de Justicia.

Somos la escuela que viabiliza que los jueces y defensores públicos dominicanos realicen un trabajo más comprometido con las comunidades más pobres del país. La misma que ha contribuido a la credibilidad del Poder Judicial Dominicano, a través de cada juez que imparte sentencias prontas y cumplidas, que permiten que avancemos hacia el anhelo de justicia del pueblo dominicano.
A partir de la creación de la Escuela Nacional de la Judicatura, la Constitución ha estado siempre presente en la vida jurídica dominicana.

Esta es la Escuela que Dios ha permitido que construyamos para servir a todos nuestros hermanos y tener una mejor justicia en la República Dominicana. Somos una institución dominicana, que ha demostrado que podemos crear una institución pública de clase mundial. Innovadora, de alto nivel profesional y al mismo tiempo con un amplio prestigio internacional que nos hace ostentar la marca-país de lo que somos, la Escuela Nacional de la Judicatura de la República Dominicana.

Las graduaciones y los aniversarios son ocasiones para celebrar, para reconocer lo mucho que se ha hecho, pero sobretodo, son ocasiones para mirar el futuro, para reconocer que aún cuando se ha hecho mucho lo pendiente nos compromete y nos exige seguir avanzando.

A pesar de todo lo que hemos avanzado, el pueblo dominicano sigue teniendo el anhelo de vivir en un país donde se respeten las leyes y las instituciones y que con ellos se logre que podamos vivir en paz, todos tenemos derecho a ser felices. Por esta razón, no podemos estar conformes ni satisfechos con la justicia que tenemos hoy, queremos una mejor justicia para nuestros hijos y para nosotros mismos.

Queremos un país donde se respete la institucionalidad y donde nadie esté por encima de la Constitución ni las leyes, así que necesitamos personas que estén insatisfechas con lo presente, que NO se conformen y deseen con pasión hacer una realidad el sueño de justicia que anhelan los dominicanos, estas son las personas que se forman en la Escuela Nacional de la Judicatura

Este país que soñamos, requiere de una Escuela Nacional de la Judicatura que vaya contra la corriente y sus egresados sean reconocidos en la sociedad por ser más honestos, más responsables, más trabajadores y más conscientes de que sólo con su ejemplo personal podrán contribuir a cambiar a sus familias, a su pueblo y a su país.

Queremos una Escuela Nacional de la Judicatura, para personas que vean las cosas de manera diferente, para quienes creen que a todos los dominicanos se les deben respetar sus derechos en la misma proporción en que se les exige el cumplimiento de sus deberes sin importar su investidura.

Es que este país necesita de un ejemplo, necesita una Escuela en que todos sus integrantes crean y puedan vivir una ética que nos permita comulgar con un espíritu de justicia que transforme en más justa la realidad cotidiana de nuestras vidas.

Necesitamos un país con ciudadanos responsables, es por eso que la Escuela tiene que dar un ejemplo y todos sus integrantes y egresados tienen que ser conscientes de su responsabilidad y no tocar ni mucho menos aceptar que les toquen la puerta del amiguismo y los privilegios en contra de la institucionalidad y la credibilidad de las instituciones democráticas.

Este país anhela y necesita de personas e instituciones como la Escuela Nacional de la Judicatura que introduzcan los cambios necesarios para tener una mejor administración de justicia, los cambios que se producen como resultado del respeto a la institucionalidad, los cambios que sólo logran los que se proponen transformar el mundo, porque sólo ellos lo pueden lograr.

Cuando comencé a trabajar en la Escuela Nacional de la Judicatura alguna vez le pregunte a jueces dominicanos, a varios aspirantes a jueces y defensores públicos, lo mismo que le preguntó Juan el Bautista a los discípulos de Jesús mientras estaba privado de su libertad: ¿Son ustedes lo que estábamos esperando o tendremos que esperar que vengan otros?

¿Son ustedes los que harán que los dominicanos tengan justicia o tendremos que esperar a otros?.

Felicidades a todos los graduandos y muchas Gracias, con Dios estén.



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Discurso VI graduación ENJ

29. abril 2010

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Pienso en ustedes, por supuesto también podría ser yo, seres humanos, personas concretas, con nombres y apellidos. Personas que hemos crecido en una cultura premoderna de los remedios caseros, del ensalme, y el mentholatum que lo cura todo, que desde que nacimos vivimos con apagones, escasez de agua y problemas de transporte.

Veo seres humano de la modernidad, que trabajan o han trabajado en ambientes, donde la era industrial con sus adelantos tecnológicos son parte de nuestra cotidianidad, donde de la noche a la mañana pasamos del cambio manual de la televisión al control remoto, del teléfono de disco y alámbrico al teléfono digital e inalámbrico, y en un abrir y cerrar los ojos, sin darnos cuenta, llegamos al celular que ya dejo de ser análogo y nacional para convertirse en digital y global.

Pienso en ustedes y en la Escuela, como les gusta llamar a ustedes a su Escuela Nacional de la Judicatura, entonces vislumbro un puente que los conecta con el pensamiento de Rawls, Dworking, Barry, Alexi, Havermas, Ferrajoly, Atienza, Vigo y muchos más que nos cuestionan y marcan el nuevo rumbo. Pero de repente, una nueva expresión cultural, las tecnologías de la información y la comunicación, se manifiesta en principio a través del Campús Virtual y después con la Comunidad Jurídica Virtual, sin darnos cuenta compartimos institucionalmente la innovación como uno de los elementos definitorios de la sociedad del conocimiento que ha convertido a la tierra, como hubiese podido decir Thomas L. Friedman, de físicamente redonda a virtualmente plana.

Entonces, me doy cuenta que súbitamente nuestra cultura tradicional ha sido invadida, y que hemos sido marcados con intensidades diferentes por una cultura difusa, fragmentada que se sobrepone en capas en nuestras vidas y que nos impacta personalmente y socialmente en nuestra identidad. Estos complejos cambios culturales, muchas veces imposible de medir en su hondura y en sus consecuencias para nuestro futuro, nos afectan a todos con acentos diferentes.

La vida actualmente lleva un ritmo vertiginoso en todos los ámbitos, en todas las disciplinas, en todo el quehacer humano. Muchas cosas que antes eran consideradas ciertas, hoy día se cuestionan o son rechazadas de plano y sustituidas por otra realidad. A otras se les introducen modificaciones para adaptarlas a los tiempos que corren. Poco ha quedado incólume ante la avasallante velocidad de la realidad presente. Los que somos padres hoy después de haber sido hijos, lo sentimos más, la relación padres e hijos, se ve mediatizada y redefinida por el poder de la información de una manera más horizontal, menos respetuosa dirían algunos. Con relación al respecto y a manera de anécdota en estos días un amigo me contó que estaba impactado con los saludos que su hija le había dado últimamente mientras ella chateava en el computador y cito: hola papi, cierra la puerta y quédate afuera; hola papi pinta un paisaje y desaparece y por último hola papi multiplícate por cero.

La justicia dominicana, por consiguiente, no puede mantenerse al margen de estos cambios, sino, por el contrario, necesita realizar la transformación que se requiere para hacer de esta un instrumento ágil y eficiente al servicio de la ciudadanía.

Y es precisamente esto lo que estamos tratando de hacer en la Escuela Nacional de la Judicatura, ser un referente de un proceso que permita que todos nosotros adquiramos conocimientos acerca de nosotros mismos y de una nueva realidad que se nos presentan de modo tal que podamos tener los valores, conocimiento y destrezas necesarias, acorde con el nuevo milenio.

Estamos, en el inicio de un necesario y profundo proceso de rediseño de la justicia dominicana, lo que el Magistrado Presidente de la Suprema Corte de Justicia Dr. Jorge A. Subero Isa ha denominado la Segunda Ola de Reformas, que busca en todo momento asimilar los cambios y tendencias que se producen en nuestra realidad nacional y en el ámbito internacional, para insertarnos de lleno en una sociedad del conocimiento que cohabita con una sociedad industrial que no ha podido resolver todavía sus tareas fundamentales de carencia de alimentos, salud, vivienda y educación.

Los sistemas de administración de justicia actuales se crearon para la realidad prevaleciente en el siglo XVIII. En la actualidad de este siglo XXI, esa realidad ha cambiado de manera radical, pues contamos ahora con conocimientos, metodologías y tecnologías completamente diferentes a las predominantes en el pasado, que debemos ir incorporando a nuestro quehacer, mediante el estudio y la asimilación de los nuevos tiempos.

Ustedes, que han concluido en forma exitosa sus programas de estudios, son ahora más concientes para hacer uso de los conocimientos adquiridos, aplicando conceptos, sistemas y tecnologías actuales a sus labores, para transforma su presente y eliminar de nuestra realidad todas aquellas concepciones y prácticas de nuestro pasado judicial, acumulado en siglos de prácticas jurídicas que fueron consideradas y aceptada como válida, pero que hoy se contradicen con nuestra realidad y se han vuelto reaccionarias.

Nos llena de regocijo y orgullo conocer que han adquirido sabiduría, y que están preparados para hacer uso de ella, lo que hace más eficaz el ciclo del aprendizaje y la puesta en práctica de lo aprendido para el desempeño de sus funciones, pues como dijo Cicerón, no basta con adquirir sabiduría, es preciso además saber usarla. Pero, además, que estas nuevos conocimientos van acompañados de los valores personales y sociales necesarios para ser dignos de servir a nuestro pueblo.

Estamos enfrentando con optimismo y entusiasmo el enorme reto de dar un giro a la Justicia dominicana. Si readaptamos a nuestras circunstancias el pensamiento de Edward Sagendorph Mason cuando dijo, Changing the World One Leader at a Time, podríamos decir que cambiemos la justicia dominicana con una persona a la vez. Con cada grupo de graduandos que sale de las aulas de la Escuela, nos vamos acercando cada vez más a la meta, aunque aún queda un largo trecho por recorrer. Las perspectivas son halagadoras, y en sus manos está contribuir a hacer realidad la ansiada transformación que espera la ciudadanía y la eficiencia que se requiere para lograrla.

La nación confía en que el sistema de administración de justicia dé respuesta a sus anhelos de contar con personas capaces, honestas y eficientes, que manejen los casos en los tribunales con estricto apego a la constitución y las leyes y que agilicen el conocimiento de las causas pendientes. El otro día, un importante e ilustre operador del sistema de administración de justicia, me reclamo, de manera muy sincera, respetuosa y considerada, que no formemos en la Escuela Nacional de la Judicatura a jueces y defensores para que cumplan de manera tan estricta con la ley, que sean más flexible, me decía, atónito no encontré palabras para responderle, pero debo confesar que en mi interior me sentí orgulloso y le di gracias a Dios porque la Escuela estaba cumpliendo con su deber y razón de ser.

Son ustedes los llamados a propiciar o impulsar este cambio de percepción, que se verificará según sean sus actuaciones, pues en el proceder de cada uno de sus integrantes, la ciudadanía evaluará el estado en que se encuentra la justicia.

Cuando en una nación los asuntos judiciales se manejan con diafanidad y eficiencia, la población se siente confiada y segura de recibir un trato justo y, en consecuencia, la sociedad se desenvuelve en un ambiente más armónico, por lo que los servidores de la justicia deben dar muestras en todo momento de que se conducen con probidad.

Muchas veces se le pide a los jueces y defensores que sean más humilde, creo interpretar este clamor, como la solicitud de un comportamiento más sencillo, modesto, servicial en el cual nunca presuma de la riqueza de sus cualidades y conocimientos y que por el contrario siempre estén presente a servir con amabilidad, respeto y discreción, que son cualidades que construye a los seres humanos realmente nobles. Este país espera, que al poner en práctica lo aprendido a su paso por la Escuela Nacional de la Judicatura, ustedes asuman plenamente el compromiso de regir sus actos por una nueva ascética que propugne por una vida de servicio que sea austera, de renuncia y de lucha por los más rectos y nobles principios que construyan y transformen la sociedad. Porque ya lo dijo Simón Bolívar, el talento sin probidad es un azote.

A partir de esta tarde, un nutrido grupo de hombres y mujeres se integrará a las filas de la judicatura dominicana, luego de haber seguido con ahínco y culminado con éxito los programas de estudios para Aspirantes a Juez de Paz, Aspirantes a Defensor Público con especialidad en Niños, Niñas y Adolescentes, Aspirantes a Investigador Judicial y Aspirantes a Trabajador Social.

El ingreso de ustedes al servicio judicial representa un refuerzo relevante en términos cuantitativos y cualitativos, que se unirá al de los integrantes de la judicatura que les han precedido, y que han recibido conocimientos amplios y actualizados en la Especialidad de Derecho Judicial así como los cursos virtuales de Aspectos Dogmáticos Criminológicos y Procesales del Lavado de Activos, Derecho de Autor y Derechos Conexos, Derecho Penal Ambiental, Constitucionalización del Proceso Civil y Constitución y Garantías Procesales que les permitirán desarrollar sus funciones con una perspectiva más acorde con la concepción de un Estado democrático y moderno.

Siempre aprovecho las graduaciones de la Escuela para hacerles un regalo, sin valor material, pero muy reflexionado y sentido, quiero regalarles mi visión muy personal sobre la Escuela Nacional de la Judicatura que después podrán contrastar con la visión institucional que hoy veremos.

Para mi la Escuela es como la luz de una luciérnaga que nos regala Dios, a veces, esa luz que siempre nos habita, se muestra con gran intensidad y somos nosotros los transformados en todas nuestras dimensiones, cuerpo, pensamiento, afectividad y decisión. En otras ocasiones somos los testigos cercanos de otras personas que son transformadas y con ellas el orden, las estructuras, la realidad y la historia, y a nosotros también nos alcanza algo de esa luz que brilla a nuestro lado. No creo que nosotros seamos los dueños de esa transformación, pues esta luz, llega de manera impredecible y se tiene que apagar para no quedar suspendida en el aire fuera del tiempo y del espacio, y luego solo nos queda el camino cotidiano para vivirla.

El otro día, a propósito de la juramentación de los comités de la Escuela, veía fotos viejas y actuales de la Escuela y me di cuenta que el deterioro de nuestros rostros que sufre y envejece, pero esto no impide el crecimiento de esta luz interior que ilumina el exterior. Hay rostros surcados por la vejez que son muy luminosos, mientras otros se van convirtiendo en una mascara cuidada que traduce la tristeza de un vacío interior indecible por la falta de esa luz.

La experiencia de la Escuela Nacional de la Judicatura en términos de una luz, que ilumina nuestra propia interioridad y la unifica con la claridad y los anhelos de nuestro pueblo, podemos sentirla en nosotros mismo y podemos verla brillar también en el rostro de los demás y en el de toda la justicia.

Los Jesuitas tienen una máxima que dice: Debemos trabajar como si el éxito dependiera de nuestro propio esfuerzo, pero confiado en que todo depende de Dios. Quisiera que la justicia dominicana actuáramos conforme a este principio, porque al final: Si Dios esta con nosotros, quien podrá estar contra nosotros. Felicidades a todos, y éxitos en el camino que van a emprender o están emprendiendo.

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Reforma Constitucional incidencia en el Poder Judicial

16. marzo 2010

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Propongo la oportunidad de una nueva constitución para que la gente pueda vivir un estado social y democrático de derecho a partir de la innovación y el desarrollo de la acción en justicia. Los cambios estructurales y de organización, ya son un hecho, deberán traducirse en una mejora importante de las funciones jurisdiccionales y de administración de justicia; La calidad del proceso judicial, el apego de las decisiones de fondo al derecho como expresión de la facultad atribuida de administrar justicia deberá verse fortalecida; Estos cambios podrán convertirse en una oportunidad, a pesar de algunos de sus aspectos contradictorios, para relanzar la reforma judicial, para apuntalar una nueva ola de cambios en la administración de justicia, que fortalezca nuestro estado social y democrático  de derecho como condición indispensable para el afianzamiento de la cultura democrática y el desarrollo integral de nuestro pueblo.

Los aspectos reformados son tanto de conceptos como de estructura y organización:Entre los cambios en los aspectos dogmáticos, lo fundamental se refiere a la definición conceptual (también llamada dogmática) de la función del sistema de administración de justicia y de sus actores e instancias; mientras que en los aspectos orgánicos se producen desarrollos del marco institucional que pudieran resultar en un fortalecimiento de la independencia, la autonomía del sistema de justicia así como de la calidad del proceso de administración de justicia y sus resultados.

Nuevas tareas que deben traducirse en metas que se coviertan en la agenda pública para que la gente pueda vivir en un estado social y democrático de derecho:

Para que la gente pueda, un punto de agenda deben ser los Derechos sociales:

Los derechos sociales como la vivienda, la salud, la educación, el agua y otros, constituyen derechos fundamentales de equivalente importancia a los derechos civiles y políticos como la libertad de expresión, la igualdad ante la ley, el debido proceso o la vida privada.

Consecuentemente, hay que trabajar, por vía la promoción académica, profesional y del litigio en la incorporación de los estándares jurisprudenciales del Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales y de las principales obligaciones derivadas del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Para que la gente pueda, un punto de agenda deben ser los Derechos del consumidor:

Trabajar activamente en  promoción, investigación de los derechos de los consumidores, y mediante el litigio, particularmente en áreas vinculadas a derechos sociales como vivienda, educación, salud y otros. Nuestro interés principal esta en plantearse los derechos de los consumidores en serio, apoyando a organizaciones de la sociedad civil en su rol de visibilizar, implementar y defender los derechos de los consumidores.  En definitiva,creemos que en un contexto de libre mercado, los derechos de los consumidores constituyen una herramienta de defensa de las personas y grupos fundamental para el correcto funcionamiento de las reglas del libre intercambio de bienes y servicios.

Para que la gente pueda, un punto de agenda deben ser los Derechos laborales:

Intentar mejorar la capacidad de renta de los trabajadores, para participar en ese mismo mercado que tanto les promete como consumidores, y que tanto los desprecia como trabajadores. ¿Por que  no deberían los trabajadores dominicanos aspirar a ser tratados como tratan a sus trabajadores  las mejores democracias del mundo?.

A la luz del estado de los derechos laborales en la República Dominicana, porque no investigamos, promovemos el debate y litigamos activamente por la protección de los derechos sindicales y de la libertad de expresión de asociaciones de trabajadores, tanto en el sector público como en el privado.

Para que la gente pueda, un punto de agenda deben ser los Prácticas antidiscriminatorias:

Uno de los fundamentos centrales sobre los que descansa el sistema democrático y los sistemas constitucionales es el del principio de igualdad.

En cuanto tal, el principio de igualdad importa exigencias fuertes para el Estado y los particulares en pos de asegurar un mismo derecho a ser respetado en su originalidad y a tener en particular consideración, la especial situación en que las personas y grupos se encuentran. Por tanto, el principio de igualdad rechaza prácticas discriminatorias que se fundan en las cualidades adscritas de las personas (su sexo, origen nacional, racial o social, entre otras) y promueve, al mismo tiempo, políticas diferenciadas de trato preferente a personas, grupos y pueblos que experimentan dicha discriminación de una forma particularmente intensa.

Consciente de que las prácticas discriminatorias constituyen una constante al interior de la sociedad dominicana debemos hacer  la promoción académica y profesional de prácticas anti-discriminación.

Con un foco especial en la discriminación de género y en base al origen nacional, y  litigar casos vinculados a la discriminación laboral, educacional y prácticas de violencia en contra de grupos particularmente vulnerables.

Adicionalmente, participamos en foros y discusiones públicas en torno a la necesidad de reformar la legislación nacional de acuerdo a las obligaciones internacionales contraídas por el Estado de dominicano en materia anti-discriminación y que constituyen el nervio de los principios del estado constitucional y democrático de derecho.

Para que la gente pueda, un punto de agenda deben ser la libertad de expresión:

El derecho a la libertad de expresión constituye una garantía fundamental de vital importancia para la libre circulación de las ideas y para el enriquecimiento de las condiciones de pluralidad ideológica que inspiran a una sociedad democrática.

Más específicamente, el derecho a la libertad de expresión constituye una facultad esencial para manifestar no sólo ideas favorablemente recibidas por todos los miembros de la sociedad, sino también a acceder, emitir y difundir información que se puedan considerar como inquietantes, chocantes e incluso, ofensivas.

La libertad de expresión, como piedra angular de una sociedad democrática, es una condición esencial para que ésta esté suficientemente informada y pueda tomar decisiones de toda índole bajo un marco del máximo conocimiento posible sobre la realidad. A la luz de esta noción democrática de la libertad de expresión, nuestro trabajo debe concentrarse, en buena parte, en el desarrollo de estrategias de acceso a información de interés público en materias relevantes como la seguridad, el medio ambiente y las actividades y documentos esenciales de los órganos del Estado.

A su vez, debemos trabajar activamente en la protección de la más amplia libertad de expresar la opinión política, sexual y cultural de la sociedad en su conjunto, y de las minorías en particular.

Finalmente, nos interesa defender y ampliar progresivamente los canales de participación ciudadana en el diseño, control e implementación de las políticas públicas y la legislación, en áreas tan sensibles como la regulación económica, la protección del medio ambiente y las políticas sectoriales en materia sociales, de infancia y sobre minorías particularmente aisladas de los procesos de representación política.

Para que la gente pueda, un punto de agenda deben ser la responsabilidad del Estado:

La plena vigencia de los derechos fundamentales descansa sobre la idea que a los Estados les asiste la obligación de respetar y garantizar tales derechos.  Conforme a la obligación de respeto, los Estados y sus órganos se obligan a no violar directamente los derechos de las personas y grupos bajo su jurisdicción.

A su vez, y en virtud de la obligación de garantía, los Estados se obligan a prevenir, investigar, sancionar y reparar toda violación a un derecho humano, haya sido ésta ejecutada directamente por un órgano estatal o por un privado.

La responsabilidad del Estado, en consecuencia, forma un continuo de obligaciones tanto negativas como positivas, y que se ordenan hacia la plena satisfacción de los derechos humanos en una sociedad democrática. Conscientes de este marco regulador de la responsabilidad del Estado, nuestro trabajo en esta área se  debe concentrar  en desarrollar estrategias judiciales y legales para consolidar la idea de un Estado que responde adecuadamente a los daños causados en su población, tanto por su involucramiento directos en actos que importan la violación de sus derechos, como por la falta de protección y servicios requeridos.

Esta preocupación se manifiesta en una serie de causas judiciales presentadas ante tribunales internos e internacionales, poblaciones afectadas por mala calidad de sus viviendas, falta de prestaciones de salud, negación de acceso a información de interés publico, violencia innecesaria y otros.


Conversemos sobre que hacer para que la gente pueda vivir a partir de esta constitución un estado social y democrático de derecho:

¿Que es un estado social y democrático de derecho?

¿Vale la pena que tengamos un estado social y democrático de derecho?

¿Que tenemos que hacer para tener un estado un estado social y democrático de derecho?

No tengo todas las preguntas, ni mucho menos todas las respuesta, solo quiero que conversemos para ser consientes de la gran oportunidad que tenemos para que la gente pueda vivir mejor a partir del fortalecimiento del estado social y constitucional de derecho que presenta esta nueva constitución.
Conversemos sobre la oportunidad de que esta  nueva constitución como un instrumento “para que la gente pueda vivir” fortaleciendo el estado social y democrático de derecho de una forma innovadora.

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Constituyamos la plataforma: “Para que la gente pueda”

22. febrero 2010

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La sociedad dominicana requiere de una transformación dirigida a fomentar el desarrollo humano de las personas. Para que esto sea posible necesitamos crear  una plataforma de democratización activa que promueva dicho desarrollo, así como  el incremento de opciones, responsabilidad y libertad.  Propongo la creación de un verdadero régimen de derecho y de una gestión pública basada en el paradigma de derechos humanos y en la rendición de cuentas por la responsabilidad contraída.

Y por que no comenzar por nosotros mismos?. Los que hemos tenido la oportunidad de lograr más años de escolaridad, a veces duplicando el promedio nacional. Los que tenemos acceso pleno o en gran medida a las tecnologías de comunicación e información. Los que hacemos uso privilegiado de fuentes de información y conocimiento. Los que hemos tenido la ventaja comparativa de ser entrenados en el ejercicio de criterio. Los que podemos, actualmente. Comprometámonos seriamente para que la gente pueda.

Propongo una plataforma que permita crear un impactante movimiento de transformación cultural, social, económica y política.

Todo esto es posible si nos unimos y ponemos de nuestra parte  para proponer los temas centrales de debate, que de hecho ya están ahí y en muchos de ellos estamos involucrados. Vamos a compartir información y puntos de vista a enriquecer y enriquecernos. Hagamos redes de establecimiento de criterios y estándares, de discusión y formación de opinión con todos los que se sientan concernidos por las motivaciones de esta plataforma.

Constituyamos este movimiento de opinión, de cultura, de información y conocimiento que en principio se constituya entre nosotros, los que ahora podemos hacerlo, pero que tenga entre sus compromisos programáticos extenderse hacia el resto de la sociedad y cómo hacerlo desde ya.

Pensemos la plataforma como un conjunto de foros, redes, medios de información y discusión sobre cómo se hacen las cosas y cómo deberían hacerse. Primero entre nosotros, pero colocando como una de las prioridades involucrar a la gente en general y cómo hacerlo desde ya.

Propongo que desde su surgimiento la plataforma ciudadana para que la gente pueda declare su intención política, porque todo lo que  he escrito en este lugar, hasta ahora es política,  pero esta intención política no se agotará en expresiones simbólicas y emblemáticas –si bien hará de este tipo de expresiones una de sus manifestaciones de nueva cultura— como tampoco se agotará en la difusión de propuestas ni la presión sobre las autoridades. No. La plataforma, si quiere que realmente la gente pueda, tiene que concebir desde ahora cómo influirá para que actuales autoridades electas y designadas sean removidas de sus cargos si es que se concluye que no representan adecuadamente los intereses generales. La plataforma debe elaborar un repertorio de formas de influir en las decisiones en proceso, en curso. Y debe concebir cómo apoyará a candidatos a puestos de representación y de decisión, cómo hará que su influencia se multiplique y fructifique en efectivas cuotas de decisión.

Si hasta este punto se podría dudar acerca de la naturaleza de esta plataforma ciudadana y se le podría atribuir la de pretender ser un movimiento político más, con lo que explico a continuación se excluyen los límites y características de los paradigmas partidarios tradicionales.

En la plataforma podrá participar las personas que coincidan con las propuestas, intenciones y modos de actuación. Es más, desde los inicios de esta modalidad de acción creemos que hay que llegar hasta e integrar en ella a diputados, síndicos, regidores, senadores, militantes, técnicos y funcionarios, y miembros de partidos, en el poder o no. Que sean parte de los procesos de discusión, de debate, de formación de cultura política nueva. Porque las actitudes y condiciones para ser parte de un movimiento de transformación no excluyen a nadie que quiera y pueda asumir tal transformación.

Entre los que actualmente podemos, hay de todo tipo de personas. Es en el proceso de creación de cultura política innovadora y en las formas que irán surgiendo de sus dinámicas donde se decantará a quién apoya la plataforma y a quién no.

Comencemos por establecer un site en internet, un blog, unos foros. Establezcamos redes de creación de consensos y disensos a través de twitter y otras herramientas de microblogging, repositorios de documentos y materiales para formar criterios. Hagamos discusiones ordenadas y con vocación de llegar a síntesis y  uso de facebook y otras herramientas para redes online. Integremos todo esto con redes de grupos de discusión, de actividades culturales, simbólicas.

Ya hay mucho de esto avanzado. Existen redes interpersonales utilizando todas estas herramientas. Muchos de nosotros somos parte de una u otra modalidad de actuar y de proponer y promover ideas. Pero no hemos convergido todavía. La plataforma ciudadana será precisamente esa convergencia. Un esfuerzo de síntesis y de que saquemos conclusiones que nos lleven a compromisos de acción y a acciones enmarcadas por su finalidad y por las circunstancias.

Una convergencia desde las modalidades de creación de cultura hasta las modalidades de actuación.

Desde los “social media”, los foros, los repositorios de información, los blogs y medios digitales, los canales de vídeo online, utilizando la “política por internet” y por los mensajes desde teléfonos celulares o móviles. Creando diversas nuevas formas y lugares de encuentro digital y presencial para debatir y consensuar sobre qué promover y cómo, sobre qué hacer en una coyuntura dada, iremos configurando –desde la libertad de acción de cada uno y respetando las singularidades de espacios ya existentes y de formas de expresión ya constituidas—la nueva cultura política necesaria.

Si tenemos que reconocer que es imprescindible hacer acopio y convergencia de esfuerzos que han surgido antes y de la alianza y encuentro con personas y entidades que ya están actuando, en cierta forma, en el mismo sentido que proponemos y que de lo que se trata es de una convergencia de propósitos con nuevos métodos y procedimientos, también tenemos que advertirnos que surgirán –que así sea—otras modalidades y formas de actuar y de intentar influir.

Mi propuesta es que mantengamos un perfil abierto, un modo de proceder abierto a que tengamos que aprender de otros y unirnos a otros. Se trata de buscar confluencia para hacer un cauce cada vez más fuerte: aprendamos de los ríos y de la naturaleza en la que las fuerzas y la dinámica natural determina lo que ocurrirá cuando dos cauces convergen en una misma pendiente.

Mantengamos la apertura de una red policéntrica, lo más laxa posible en cuanto a las tensiones imprescindibles para mantener la convergencia de propósitos. Sobre esto tenemos todo por aprender, puesto que la disciplina que estudia las redes y la complejidad es un área de conocimiento en desarrollo.

De mi parte voy a comenzar la popuesta invitando a otros a que hagamos un esfuerzo común, el que es necesario para que los dominicanos y dominicanas podamos avanzar hacia el bienestar y la democracia, hacia la inserción con identidad propia, con denominación de origen, en un mundo global y complejo que no porque homogenice tendencias centrales en la comunicación, la economía, la sociedad y la cultura, niega la potencia y la posibilidad de que nuestros acordes pasen a formar una parte distintiva de un concierto universal.

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